domingo, 24 de marzo de 2019

De Ramales a Hoyufrenu (Sierra de Hornijo)

El domingo 24 de marzo, tras varias dudas en el destino y alguna rajada de ultima hora, de alguno de los miembros que íbamos a formar parte del grupo para ir a esta marcha,  partimos hacia la zona oriental de Cantabria, mas concretamente a la Sierra del Hornijo, a intentar hacer cumbre en el pico Hoyufrenu a 1056 metros de altitud, el cual nos quedo pendiente en nuestra anterior visita a esta zona no hace muchos meses atrás en la que subimos al Pico San Vicente.

Este pico aunque es menos conocido que el San Vicente, es el mas alto del macizo oriental de la Sierra del Hornijo y ademas requiere de algo mas de destreza técnica, pues el camino hasta la cima no esta nada marcado y se realiza por una zona de lapiaz muy incomoda de andar y con alguna pequeña trepada.

Quedamos a las 8 en Peñacastillo y tras una breve parada para desayunar en Gibaja, llegamos a Ramales de la Victoria, población desde la que comenzaría nuestra ruta. Para ello tomamos la senda que va al barrio San Vicente (por cierto en estos pocos meses ya se había roto el cartel que indicaba el comienzo de esta) como hicimos en la ruta del Pico San Vicente, meses atrás, después de cruzar el río Gándara por el puente próximo al punto donde se junta con el río Asón.
Comenzamos andando entre orlas de bosque y pastizales por un sendero, en el que alguno (bueno… solamente lo vi yo que iba guiando la ruta) vimos fugazmente el primer corzo del día, hasta llegar a una pista que se bifurca en la zona conocida como El Ventorrillo donde tomamos la pista que poco a poco iba subiendo por callejos que iban de cabaña en cabaña pero al  estar cerrados por la vegetación en muchos puntos teníamos que ir paralelos a ellos por prados o entre arbolado buscando el mejor camino. Así seguiríamos hasta bordear Pico Redondo y empalmar con una larga pista que nos lleva hasta la entrada de la Canal de Ancillo.

Al comienzo de la Canal de Ancillo (la cual separa los dos macizos de la Sierra del Hornijo) decidimos parar a tomar las 11, aunque a alguno se le olvidaron, menos mal que somos generosos y repartimos (hay que quitarse peso de la mochila), así todos tomamos fuerzas, ya que a partir de este punto hasta la cima, todo seria subida.
La el camino que sube la canal discurre entre bonitas hayas de gran tamaño siguiendo el GR-74 “Corredor Oriental de Cantabria”, aunque cierto es que en algún punto esta un poco complicado de seguir porque si no vas atento te puedes salir, di que lo bueno de las canales es que no tienen perdida. Cuando llegamos a la parte mas alta, nos queda atravesar una zona mas llana con alguna hoya hasta llegar a una caseta de las torretas eléctricas. En este punto comenzamos la parte mas dura de la ruta, y es que  a la elevada pendiente tuvimos que sumarle una trepada por la roca ya que el camino no esta muy claro y tal vez no encontramos la mejor zona para realizar esta parte de la ascensión.
Finalmente llegamos al Hoyufresnu, después de cruzar una interminable e incómoda cresta de roca llena de las grietas típicas del lapiaz, donde parecía que las pequeñas cimas nunca acababan, como fue el caso del Pico de La Tobazona (1039 m.), con buzón y todo, y que detrás de este aun se escondía el que era nuestro objetivo.
Como curiosidad hay que mencionar el curioso buzón que había en esta cumbre, pues era un tupper de plástico, nada ecológico y muy provisional… así que igual el C. M. Visitación, tiene que ponerse a pensar en colocar nuestro primer buzón en una cima, ¿que opinas “Presi”?
Tras hacer cima comimos y con mucha pereza reanudamos la marcha, para no volver por el mismo camino decidimos bordear el pico San Vicente y bajar desde Manzaneda por el camino que atraviesa un bosque de encinas hasta juntarse con el río Gándara y llegar al barrio de Salto del Oso ya en Ramales. Para poder hacer esto, aun teníamos que encontrar una bajada algo mas cómoda y en la que no hubiese que trepar tanto como en la subida, por ello, decidimos seguir los rastros (o heces, que hoy estoy fino) dejados por los caballos, y es que si ellos habían llegado allí tendría que  existir un sitio por el que hubiesen subido, lo que esta claro es que por donde subimos nosotros no fue. Aunque la teoría estaba bien, la realidad fue que no encontramos ese paso y tuvimos que hacer un ligero destrepe para poder acceder a una zona menos rocosa (donde vimos el segundo corzo del día) y desde allí ir en dirección este para llegar a la carretera que nos llevaría a Manzaneda.


Una rápida bajada desde el cartel que ya pasamos en su día para subir al pico San Vicente, con breve parada en la "cueva" en que aquel día paramos a comer, nos llevó al final de la ruta y de vuelta a Ramales, donde nos esperaba una merecida y fresca cerveza.

El resto de fotos las podéis ver aquí...


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domingo, 24 de febrero de 2019

Pico Murcia

Tras tener que suspender varias veces la ruta al Pico Murcia, al fin nos coincidió un fin de semana con buen tiempo para subir a este mítico pico de la Montaña Palentina, aunque la verdad es que se encuentra entre las provincias de Palencia y León.


La ruta la organizamos para el domingo aunque no sabemos muy bien el motivo por el cual uno de nosotros se planto en el lugar de quedada el sábado, puede que fuesen las ganas de ir la montaña o que estuviera despistado, pero como es lógico y no podía ser menos, no se libro de las mofas durante buena parte del día (y lo que le queda jeje).

Tras la parada de rigor para desayunar algo antes de empezar la caminata, ademas esta vez paramos en la cafetería El Roble, donde el Presi ya es conocido y le saludan con un: “¡¡Aqui vienen los de Santander!!”.

Continuamos camino hasta llegar a Cardaño de Arriba, que estaba hasta arriba de coches, la mayoría para realizar alguna ruta por el Parque Natural de Fuentes Carrionas, como nosotros. En el primer tramo de la ruta no nos encontramos mucha nieve y podemos seguir claramente el sendero que va al Pozo de Las Lomas.

Llegamos hasta el puente que sobrepasa el arroyo Valcabe, casi en el punto donde se junta con el arroyo de Las Lomas, los caminos se dividen uno hacia dicho pozo y otro hacia la Majada del Asno al fondo del valle que forma el arroyo Valcabe y a los pies del Pico Murcia. A partir de cruzar el puente empieza a aumentar la cantidad de nieve que nos vamos encontrando, aunque como aun no hay mucha pendiente, podemos permitirnos avanzar sin ponernos los crampones, ya que las raquetas pensando que la nieve podía estar dura las dejamos en el coche.


En el momento que llegamos a la majada del Asno vimos que teníamos que ponerlos sin dudarlo, pues frente a nosotros teníamos un fuerte desnivel a salvar, lógicamente por otro lado, ya que casi no habíamos cogido altura desde que salimos de Cardaño de Arriba. Tras un breve pero intenso esfuerzo alcanzamos el collado entre el Pico Murcia y Las Cerezuelas y de aquí a la cima pudimos quitarnos los crampones ya que el camino sube por la cara opuesta del pico, la cual ya no tenia nieve.


El descenso decidimos hacerlo siguiendo el cordal formado por Las Cerezuelas, bajando hasta la cascada de Mazobre. Una bajada que si no llega a ser porque en algún tramo la nieve estaba blanda y metíamos la pierna hasta el fondo en la nieve, hubiésemos hecho volando. Desde la cascada de Mazobre ya solo quedaba seguir la pista hasta llegar al aparcamiento desde el cual también se puede ascender al Espigüete (ruta que hicimos hace un par de años) y desde allí caminando por la carretera (lo que fue un poco tedioso, ya que las piernas comenzaban a cansarse) de vuelta a Cardaño de Arriba.

El resto de fotos las puedes ver aquí...


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martes, 11 de diciembre de 2018

Pico San Vicente desde Ramales

Tras reprogramar la ruta prevista al Pico Murcia, posponiéndolo para otro fin de semana con mejor previsión meteorológica en la zona, gracias a la aportación de Marcos decidimos decantarnos por la zona oriental de Cantabria, más concretamente por el valle del Asón. Y es a Ramales donde nos lleva la ruta en la que ascenderemos a la cima por excelencia del municipio: El Pico San Vicente (910m).

Esta ruta parte del otro lado del Río Gándara, el cual podemos franquear por el puente que hay al final del pueblo, pasada la gasolinera, o bien un poco antes, a mitad más o menos, por una de las calles antes del Ayuntamiento, que nos lleva junto a la Quesería Quesos Prama, hasta el puente que nos cruza el Gándara. Desde el cruce tras el puente podemos ver un puente romano, que no cruzaremos ya que tomaremos la vía que sube por el Gándara, junto al cartel explicativo de la ruta PR entre el barrio de San Vicente y Ramales. La diferencia es llevar el sendero que asciende junto a la orilla del río (que tomaremos de regreso) o uno un poco más alto, pero ambos rodean la base del San Vicente para alcanzar el barrio de Soba.

Hay varios senderos y pistas que se van cruzando, unos de acceso al río y otro a los barrios y zonas de pastos. Siempre debemos procurar dejar el San Vicente a la derecha y el Gándara a la izquierda. Después de 45 minutos llegamos al cruce que une ambos caminos, juntándose para llevarnos hacia Manzaneda.

Después de este cruce de caminos nuestro sendero se separa hacia Manzaneda ascendiendo por el bosque, dejando atrás el camino hacia incedo. Este cruce viene claramente señalizado por un poste ya que ambas rutas pertenecen a PR’s.

El camino desde este punto se endurece por el aumento de la inclinación, que no dará descanso ya hasta Manzaneda(Soba). Algo destacable, en esta zona en la que abundan las cavidades, es una cueva a la derecha del camino, que nos serviría a la vuelta para resguardarnos del viento para comer.

Pero no paramos aún y llegamos a Manzaneda, aunque no nos adentramos en el barrio ya que un cartel nos enfila directos hacia el San Vicente, marcando desde aquí 55 minutos (alguno más será…) Ya llevamos dos horas caminando y la costumbre de parar a almorzar empieza a hacerse más notable. Decidimos parar junto al camino para poder compartir “las once”, eso sí, a las 12:15h…

Tras el almuerzo ya solo queda ir siguiendo los hitos que nos llevan por una zona ya algo más técnica para ir subiendo y trepando hasta la cima del San Vicente. El viento cada vez se hace más presente y en la cima solo hace para tomar las fotos de rigor y comprobar que quedan restos de un misterio de los que se han independizado el niño con la mula y el buey. Un último vistazo a las vistas de la costa, Santander, Santoña, y de Soba, al sur, la Sía.

Dado el tiempo que nos ha llevado hasta ahora la ruta y sabiendo lo cortos que son los días en esta época del año, decidimos volver de nuevo hacia el Gándara y así recorrer el camino que va junto al río. 

La bajada es más rápida y el viento no nos da tregua para comer, por lo que volvemos a la cueva que vimos mientras ascendíamos y así, al resguardo de esta abertura de la montaña, compartimos la hora de la comida.

Ya una hora escasa nos queda, descubriendo que el camino de la orilla es mucho más bonito que el que tomamos para subir por la mañana, sin duda un buen aporte para cualquiera que quiera hacer esta ruta y como sugerencia ya que llevan al mismo sitio pero con un paisaje más agradable.

viernes, 26 de octubre de 2018

Puente del Pilar en Collado Jermoso

Tras preparar todo el material necesario (comprar piquetas para la tienda y prestar mochilas) los tres integrantes que hicimos esta ruta, quedamos para ir a desayunar a Los Tanagos cosa que cuando vamos a Picos de Europa siempre tratamos de hacer coincidir y después ir hasta Fuente Dé, donde afortunadamente no teníamos pensado tomar el teleférico ya que andaba parado debido al viento que hacia.


Comenzamos a andar entre las 9:30 y las 10 de la mañana, para hacer la ruta un poco mas larga y que requiriera un mayor esfuerzo, ya que no teníamos pensado subir ninguna cima, subimos por la vertical canal de La Jenduda aprovechando para matar dos pájaros de un tiro... que yo la subiese de una vez (aun nunca la había subido) y que Javi, al fin guiara en una ruta. Nos sorprendió ver mucha gente por aquí pero se debía a lo anteriormente comentado del cierre del teleférico.

Una vez terminamos de subir tomamos “las 11” buscando un lugar para refugiarnos del viento, pues aunque hacia sol, si te quedabas al viento se notaba el frío. Con la primera parte de la ruta completada, ahora tocaba subir hasta la colladina de las Nieves por la canal de San Luis, donde vimos un montón de rebecos durante todo el camino.

Cuando llegamos a esta tuvimos que buscar otro lugar refugiado del viento para poder comer y ya con tranquilidad encarar la ultima parte de la ruta. Aun nos quedaba el breve descenso hasta el final de la Vega de Liordes en el que tuvimos un despiste de no encontrar los jitos que nos guiaban el camino (y eso que han pintado nuevas marcas de color rojo sobre las piedras para mayor facilidad a la hora de seguir el camino, pero nos falto la siesta y andábamos dormidos, menos mal que conocíamos el camino) para posteriormente subir las colladinas hasta pasar el cruce a Tiro Casares (muy bien indicado con estas marcas de pintura y otra cosa aun pendiente para mi) y vislumbrar el refugio Diego Mella o Collado Jermoso (nombre del collado en el que se ubica). Desde allí ya solo quedaba descender hasta el refugio.


Una vez llegamos al refugio nos dijeron que no quedaban plazas para dormir, por lo que cargar con una tienda mereció la pena, sin embargo la noche de viento e incomodidad absoluta que pasamos nos recordó que para la próxima vez, hay que reservar cuanto antes (el refugio estaba completo y había gente que lo tenia reservado con un mes de antelación). Así todo cenamos en el refugio y conocimos gente como siempre que vas a estos sitios e incluso recomendamos a alguno algún descenso diferente al camino que habían tomado para llegar hasta Collado Jermoso. Otra de las cosas que tenemos pendiente, es ver la puesta de sol sobre el macizo occidental de Picos desde allí, pues aunque subimos a la Torre Jermoso (pequeña cima sobre el refugio) las nubes que fueron cubriendo el cielo al atardecer nos impidieron la vista de esta.

A la mañana siguiente nos levantarnos tarde (sobre las 9) ya que esa mala noche hizo que la mayoría de nosotros solamente durmiésemos unas 3 horas de seguido, excepto uno que aunque decía que había dormido fatal y poquísimo, algún ronquido se le escuchaba de vez en cuando (y los dos que estábamos despiertos sabemos quien era, porque ahora lo negará). Despertarnos tan tarde implicó que salimos los últimos de Collado Jermoso. Pese a eso, desayunamos recogimos nuestros bártulos y para cuando llegamos a la Vega de Liordes ya habíamos alcanzado a unos cuantos, incluso recuperando un saco de dormir de algún despistado que lo perdió por el camino y al que mas tarde encontraríamos. 


Atravesamos la Vega de Liordes a derecho, con cuidado de que algún mastín que había cuidando ganado no la tomara con nosotros, para posteriormente hacer la breve subida hasta la collada de Pedabejo. Casi en la collada, nos dimos cuenta que en vez de bajar a la vega, un camino (por el que venia casi todo el mundo, incluidos algunos de los que pasaron la noche en el refugio) la bordeaba por la derecha lo que nos hubiese evitado hacer esta breve ascensión, pero bueno... así hacíamos un poco de hambre. Descendimos por la canal de Pedabejo que para alguno también era nueva y desde allí a la pista (que siempre se hace eterna) que nos llevaría hasta Fuente Dé, donde nos esperaba el coche para ir a darnos un homenaje comiendo un cocido lebaniego junto con Mario Bolivar y su novia Lucia que estuvieron haciendo la ruta de El Cable a Espinama, por Áliva, todo un clásico de lobatos y alitas (los que hayan sido scouts lo comprenderán), para recuperar las calorías gastadas en la ruta, no vaya a ser que adelgacemos haciendo una ruta.

sábado, 28 de julio de 2018

Punta Lucero - Ciérvana

El pasado domingo 1 de julio nos reunimos para otra convocatoria de ruta gastro-familiar, en esta ocasión en el entorno de la Playa de la Arena. El objetivo es alcanzar Punta Lucero y reconocer el búnker que allí queda, con sus cañones para la defensa de la entrada al puerto de Bilbao.

La ruta escogida parte del puerto de Cíervana. Pero por suerte al parar en el barrio de La Cuesta para comprobar el punto de partida nos dimos cuenta que la ruta circular pasaba por este punto, por lo que decidimos partir de este.

El comienzo no dejó indiferente a nadie. Pese a que la inclinación no es grande, transcurre por un sendero que se va estrechando y, al estar bastante cubierto, mantiene humedad, lo que hace que resbale ligeramente, más cuando los días previos había estado lloviznando.

En el momento en el que se llega a tener visibilidad del puerto de Bilbao, dado lo despejado ya del camino, además de disfrutar más de este paseo, permite tranquilizar más a los que menos preparados habían venido, por contar con una ruta tan fácil que un calzado deportivo era suficiente. Y lo es, siempre que el calzado tenga una suela apropiada para caminar con vegetación y sin resbalar.

Pronto comenzamos a ver los restos de las construcciones de defensa que se mantienen en pie aún. Alcanzamos la cima, Punta Lucero, 307metros. Pero antes de de comenzar a descender no podemos pasar sin recorrer los túneles bajo el monte que conectan los diferentes nidos de los cañones, oxidados pero aún en pie, que aún vigilan desde la costa todo aquello que se acerca desde alta mar.

Un grupo de excursionistas nos aconsejan bajar directamente hacia la playa y así disfrutar de los chiringuitos en lugar de volver a La Cuesta, aunque eso supone que alguien tendrá que volver a por los coches. La idea es buena así que tomamos camino hacia la playa directamente. Un atajo nos hace perder altura de forma más rápida, de ahí que se llame atajo... y aunque no gusta a todos, hace que en pocos minutos lleguemos a La Arena. El tiempo no acompaña y se oculta el sol. Antes de que nos demos cuenta un chaparrón de verano hace que la comida sea más accidentada pero eso no empaña la ruta. Con los coches ya en La Arena, nos despedimos hasta la próxima.

Ver todas las fotos aquí.

domingo, 14 de enero de 2018

RAQUETADA POR PEÑA RUBIA Y PEÑA ASTIA

Tras las fiestas navideñas nos fuimos a hacer la primera ruta del año y a desempolvar las raquetas que el año anterior no las llegamos a usar debido a la poca nieve que hubo. El objetivo era hacer Peña Sestil, pero al final no fue este pico el que hicimos, ya que tras comprobarlo posteriormente en casa, lo que alguno pensábamos que era Peña Sestil, se convirtió en Peña Astía.
Este día toco madrugar y no desayunar de camino (cosa rara, pero justificada) hacia la zona de Brañosera, primer ayuntamiento de España, dato que siempre que venimos a esta zona comentamos pero que después se nos olvida, hasta que lo volvemos a leer cuando regresamos y lo contamos como si nunca hubiésemos hablado de ello. El lugar de comienzo de nuestra ruta, concretamente era el aparcamiento de La Collada que está antes de llegar al Refugio de El Golobar que es lo que queda del proyecto que hubo por los años 70 de construcción de una estación de esquí y un parador.

De camino nos encontramos con bastante nieve en el tramo entre Espinilla y el cruce hacia El Golobar, lo que hicimos que tuviésemos que ir muy despacio, por precaución y sobretodo a partir del cruce, es más, no pudimos continuar por la carretera que accede al aparcamiento, con el coche, porque estaba cubierta por nieve, no llevábamos cadenas y la quitanieves aun no había pasado. Además en el cruce no había hueco para dejar el coche, por lo que acabamos bajando a Brañosera para aparcar el coche. Una vez conseguimos llegar y aparcar comenzamos a andar con frío (el coche marcaba -6° C) de manera algo perezosa ya que todo lo que habíamos descendido en coche hasta Brañosera, ahora teníamos que subirlo andando y llega hasta el aparcamiento de La Collada (unos 4 kilómetros y medio por carretera).
En la Collada nos ponemos las raquetas y comenzamos a realizar la ruta como teníamos pensado. Desde aquí subimos a derecho junto a un vallado, buscando el mejor camino, por un terreno un poco incomodo, ya que bajo la nieve había matorral y a veces se nos hundían las raquetas más de la cuenta. Al final de esta subida, se encontraba la cima de Peña Rubia, que se distinguía por un gran jito de piedras.
Continuamos por la arista de la Sierra de Hijar, hacia la cima de lo que pensábamos que era Peña Sestil, pero buscando un lugar donde cubrirnos del viento para tomar las 11. Tras un rato andando, hacemos una pequeña subida hasta la cima de la que resulto ser Peña Astía. Allí miramos la hora y comprobamos que vamos a estar muy justos para llegar a comer a Brañosera (es que es hablar de Brañosera y pensar Casa Cholo) donde habíamos reservado a las 3 de la tarde, ese era el motivo por el cual no habíamos desayunado por el camino, para que nos diese tiempo a llegar a comer y así todo, ya estábamos justos de tiempo, así que teníamos que buscar la alternativa para bajar lo mas a derecho posible.

En un principio la ruta original que pensábamos hacer era bajar a El Golobar y de allí ir al aparcamiento de La Collada donde supuestamente deberíamos tener el coche, pero debido a las circunstancias, en vez de esto, continuamos hasta el collado que hay justo antes de hacer la cima del Valdecebollas, aunque alguno parece que subió sin que el resto nos diésemos cuenta (se parece a Flash) y desde allí bajar hacia la izquierda por lo que parecía una pista tapada por la nieve.



Por cierto, para llegar a este collado se bordea Peña Sestil o Sestil Alto, por la derecha y al descender hacia la izquierda acabamos rodeando el pico que teníamos como objetivo cuando salimos de casa, aunque nos falto hacer cima. Bajando por la pista, aunque en algún tramo no sabíamos muy bien por donde iba, ya que estaba cubierta por la nieve, aceleramos el paso, al menos los que no teníamos problemas con las raquetas ya que a “Flash” no se le ajustaban bien y se le salían. Tuvimos que atravesar un par de vaguadas, lo cual, fue bastante desesperante, porque cuando parecía que ya casi estábamos, la pista cambiaba de dirección para hacerlo.


Finalmente tras una bajada que se hizo muy larga llegaríamos a Brañosera y además justo a tiempo para comer, así que nos salió todo redondo, salvo la confusión de cimas. Para ser la primera ruta del año y primer contacto con las raquetas y la nieve en más de un año, no ha estado nada mal e hicimos bien de hambre para darnos un homenaje donde Cholo.

lunes, 5 de junio de 2017

Ruta Poncebos-Urriello-Cabrones-Sotres-Poncebos

Tras varios meses, y perdón por la tardanza, me arranco en estas líneas a describir otra ruta realizada por el club, a finales de mayo, ni mas ni menos, aunque bien parecía, marzo por el buen tiempo que nos acompañó. De hecho esa misma semana comenzaba con una ligera tirantez ya que el pornóstico no era favorable pero en contra de lo que opiné, hay que volver a pensar que al mal tiempo buena cara, y como dice un buen amigo y compañero -"A la montaña vamos incluso cuando hace buen tiempo" Gracias a la persistencia de un par de integrantes del club continuamos con la realización de la ruta si bien a mitad de la misma tuvimos que reconfigurarla por ese buen tiempo que nos acompañaría.

Primera Etapa

Partiendo de Puente Poncebos, donde dejamos el coche, comenzamos la ruta creuzando el puente de la Jaya y ascendiendo por la canal del Tejo hacia nuestra primera parada en el pueblo de Bulnes. Al pasar por la salida del funicular surgió la sana curiosidad de ver como era por dentro, si bien todos coincidimos que el precio no rentabilizaba la bonita subida que acabábamos de culminar.

  
La ruta ahora transcurre por la canal de Balcosín, donde poco a poco nos vamos adentrando en una suave niebla que nos va empapando poco a poco, si el sudor no era suficiente ya a estas alturas. Tras el paso de La Garganta que nos lleva al Jou Bajo vamos cogiendo altura mediante la Canal de Camburero. Es al final de esta canal, junto a la Majada de Camburero donde decidimos almorzar.



Unos minutos antes de parar la niebla parecía dispersarse dejándonos ver el cielo azul y bajo este las cimas de la Collada Tíes y Peñas de las Cuestas. Un preludio de lo que tras la comida pudimos contemplar: un fabuloso mar de nubes bajo nuestros pies y por fín la vista de la mole sobre el refugio de Úbeda, el imponente Urriello que domina desde lo alto la subida. Aunque aún nos quedaba un rato, el poder ver hacia donde te diriges impulsa las piernas y hacer que el peso de la mochila parezca menor.


La estela de banderillas de color rojo que habian sido colocadas para la prueba de la Traveserina se desviaba hacia el Jou Lluengo, mientras nosotros nos mantenemos en altura en dirección al refugio. Tras un par de pasos un tanto sinuosos, el último origen de algún que otro accidente, nos encontramos nuestra meta para el primer día. Una merecida cena y una agradable sobremesa, amenizada por las múltiples y curiosas anécdotas de un gran montañero y anfitrión Tomás, con varias décadas dedicado en los Picos de Europa, daban pie al descanso necesario para disfrutar de otro día más.




Segunda Etapa

El día no iba a dar mucho de sí y lo esperado llegaba. El amanecer carecía de la luz del sol y en su lugar unos sonoros truenos nos daban los "Buenos Días". Tras el desayuno y la preparación de los petates, en conversación con Tomás decidimos desistir de atravesar la canal de la Celada para descender desde la Collada Bonita por Moñetas a las Vegas del Toro. En su lugar, un camino ya para algunos conocido, por lo que la niebla no plantearía tanto riesgo como la ruta proyectada, nos permitiría enlazar Urriello con Sotres, aunque dando un rodeo importante.


Cambiamos lo desconocido por kilómetros y comenzamos el ascenso tras el último trueno, hacia la brecha de cazadores. En este pequeño tramo de la ruta nos acordamos de las anécdotas de Tomás, sobre todo de un accidente de dos excursionistas por hacer caso omiso a sus advertencias a cerca de coger este camino con tormenta. ¿Como puede ser que por la noche nos cuente cómo le cayó un rayo a dos excursionistas y a la mañana siguiente nos animase a coger esa misma ruta? Mejor no pensarlo demasiado y confiar en el instinto, en que la tormenta había pasado y solo quedaba la niebla y la lluvia.

Aprovecho estas líneas para expresar mi rechazo a la conducta de uno de los accidentados, el que sobrevivió, que lejos de volver a agradecer a Tomás su intervención, jugándose la vida para poder prestarle una mano, se acercó años después reclamándole el importe de la mochila que este le cortó para que su cuerpo, agarrotado por la corriente que le había paralizado, pudiese entrar en la camilla que lo alzaría al helicóptero que le rescató de tan negro día. Conductas inexplicables pero ciertas.

Pasada la brecha de cazadores y atravesada la Horcada Arenera descendimos siguiendo los hitos y las marcar entre la niebla, las rocas y los pocos neveros que quedaban hasta el Jou de los Cabrones, donde pudimos tomar un café caliente para desentumecer los músculos sin uso y fríos por el viento y el agua en compañía del guarda del Refugio  de Lueje en Cabrones. Aprovechamos para afienzar nuestro conocimiento de la ruta charlando con él hasta que decidimos que iba siendo hora de continuar con el camino, ya que aún nos faltaba mucho que pasar.


Ascendimos lo poco que quedaba ya para enfilar la cuestra del Trave hacia Amuesa. El agua ya ni se sentía ya que no nos quedaba seco ni un rincón de nuestro cuerpo. Y pese al mal tiempo nos encontramos un grupo de excursionistas en dirección contraria, subiendo desde Amuesa en dirección a Cabrones. Llegados a Amuesa solo nos quedaba descender a Bulnes por la Canal del mismo nombre, que da paso a los Llanos del Torno. No veíamos el momento de parar a comer, tal y como sucedió tiempo atrás con esta bajada, aunque la vez anterior lo que agobió fue el calor en lugar del agua. Llegados a la Villa, tras atravesar el Castillo, comimos donde el día anterior hubiésemos parado a tomar las once. Esta vez eran las tres.

Para las tres y media reanudamos la marcha, ansiosos por llegar a la pensión donde poder quitarnos la ropa y cambiarla por una ducha caliente y ropa seca. Para ello debíamos remontar el regato de la Jelguera, atravesando Cantiellu, La Jelguera y Entremosquines para ascender al Collado Pandébano. Para entonces, las prisas por no perder la final de la Champions nos desviaban del pensamiento de pasar por el refugio de la Tenerosa y poder sellar el pasaporte que algunos acabábamos de comprar en Úbeda y en que que tan solo habíamos sellado en Urriello y en Cabrones. Para otro día si acaso, hoy lo importante era deshacerse de la calada de agua que llevábamos. El camino se ensanchó al llegar a la pista que nos llevaría a los invernales del Texu y se transformaría en carretera al llegar al cruce de la pista con la asfaltada que venía de Tielve y nos acercaría a Sotres.


A la entrada del pueblo me esperaban todos deseosos de saber cual era el hostal escogido, y tuve que buscarlo porque no recordaba el nombre... Como no tenía que ser el mas alejado de la entrada al pueblo, pero por unos metros más no nos íbamos a quejar. Hostal La Perdiz: ya al llegar empezó bien cuando por prudencia entré a preguntar si nos dejaban quitarnos las botas y la ropa más mojada en el garaje y la dueña nos indicó que como íbamos a hacer eso, que adelante, sin dudarlo. Una cálida bienvenida que fue aún así mejorando, con el trato familiar y atento del personal del hostal, la calidad de su comida y la comodidad del mismo.

Dejamos bien recogido el baño, después de que pareciese que había entrado un regimiento, pero somos gente ordenada y pedimos incluso escoba y recogedor, no podíamos dejarlo así. Nos dejaron bajar a la estufa del salón las botas y todo lo que quisiésemos dejar secando. Éramos si bien los únicos que no habían anulado reserva pese al tiempo. Eso también se agradece, pero de qué manera... Un lugar sin duda que recomendar a todo el que pueda pasar una o mil noches en Sotres y alrededores. Ese día descansamos de verdad.

Tercera Etapa... y última.

Ya solo nos separaba del final la elección del camino a recorrer: bien volver por Pandébano a Bulnes y desandar lo andado, o bien usar el sendero que forma parte de la ruta circular entre Tielve y Sotres y recorrer el que une Poncebos con Tielve. Dado que no gusta volver a hacer lo que ya se ha recorrido, escogimos el segundo, que por otro lado ninguno conocíamos. Y fue grata la elección por las vistas que contemplamos.


El día estuvo gris, igual que el anterior, pero sin niebla al menos. El camino en algunas partes se estrechaba mucho por algún que otro alud de piedras, pero aun es caminable, pese a que un kilómetro antes de Tielve obligue a ir por carretera.


En Tielve preguntamos por el camino y una señora muy amable nos dijo que lo recordaba fatal, con un paso peligroso de bajada que tenía incluso alambrada de contención de piedras y que cuando lo recorrió lo pasó mal. Sin embargo la señora de la pensión El Duje le replicaba que nos veía más que preparados para ese camino.


Hicimos caso a la segunda y nos marchamos por el sendero. Un camino que nunca sospeché que uniría Tielve con Poncebos pero que daba otra visión del angosto valle, pasando por las Pozas, bajo la Pradera Portuguesa y terminado el último tramo de la bajada de la Canal de La Rumiada para salir a la central eléctrica de Poncebos, antes del túnel. También muy recomendable la ruta sobre todo con buen tiempo por las vistas.



Una ruta lejos de la programada pero que no desmejora nada. Una buena experiencia que no hubiese disfrutado de no ser por el obstinado de mi cuñado. Todo hay que decirlo. Gracias cuñado. Y gracias también a los compañeros de esta y muchas otras rutas, las pasadas y las que nos quedan por descubrir.

Para ver el resto de las fotos pinchad aquí.